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IMOR

La importancia del diagnóstico y los tratamientos de pacientes con cáncer en estos meses de auge de la Covid-19

La crisis de la Covid-19 requiere de un enorme esfuerzo de los sistemas sanitarios para tratar a los afectados por esta enfermedad. No obstante, es importante no perder de vista otras patologías, como las oncológicas

Para el Instituto Médico de Onco-Radioterapia (IMOR), integrado en Atrys, compañía de servicios médicos de precisión, es prioritario atender a pacientes con cáncer que no pueden (ni deben) retrasar diagnósticos ni tratamientos. En este sentido, las instalaciones de Barcelona, dedicadas exclusivamente a enfermos oncológicos, permanecen abiertas; y el personal continúa atendiendo a los pacientes siguiendo siempre, y a pesar de ser un centro libre de Covid-19, todos los protocolos, directrices y recomendaciones de las autoridades sanitarias en cuanto a la prevención de contagio.
Durante el tiempo que continúe la actual crisis del coronavirus SARS-CoV-2, los profesionales de IMOR-Atrys insisten en la necesidad de que se sigan realizando pruebas diagnósticas y los tratamientos oncológicos para garantizar que estos pacientes reciban la atención médica que precisan y que no puede ser aplazada sin comprometer su salud.

Cáncer de próstata
Uno de los casos más representativos por ser de los tumores más frecuentes, pero también con mejor pronóstico de curación, son los pacientes con cáncer de próstata. En estos casos, un simple análisis de sangre puede detectar la patología de manera precoz y poner en marcha el protocolo de actuación contra el desarrollo de la enfermedad.
“Las pruebas para saber si se padece un cáncer de próstata son sencillas, basta con hacer un análisis de sangre para medir el PSA, indicador de la posible presencia de tumor en próstata. Retrasar estos análisis podría conllevar que, en lugar de detectar el cáncer en estadios precoces y poner en marcha un tratamiento pronto, el tumor esté más extendido y que el tratamiento tenga que ser más agresivo”, señala el doctor Benjamín Guix, director del Instituto IMOR.
Actualmente, los pacientes diagnosticados con cáncer de próstata pueden recibir tratamientos con técnicas novedosas de radioterapia que evitan la cirugía,
se llevan a cabo en pocas sesiones (lo que implica visitas cortas al hospital que en ningún caso requerirán pasar noche en el centro), de manera mínimamente invasiva y con una reducción sustancial de los efectos secundarios.
Así, el cáncer de próstata se puede tratar con dos formas de radioterapia: la externa, en la que la fuente que emite las radiaciones está fuera del cuerpo; y la interna o braquiterapia, en la que la fuente se encuentra en el interior de la zona a tratar, estando en íntimo contacto con el tumor o zonas donde puede haber células tumorales. La elección de un tipo u otro de radioterapia se realiza en función de las características particulares de cada tumor y de las condiciones y edad del paciente. Esta última técnica permite que las dosis a aplicar estén concentradas en unos volúmenes que se irradian únicamente alrededor del lugar donde se ponen las fuentes radiactivas sin perjudicar a los tejidos de alrededor.
El tumor en la próstata, por su naturaleza de crecimiento lento, responde mejor a dosis altas de radiación de la braquiterapia que otros tumores que necesitan dosis más bajas. Además, una vez finalizado el tratamiento, registra menos efectos secundarios que otras terapias. Entre otras, las grandes ventajas incluyen el nulo riesgo de incontinencia urinaria y disfunción eréctil.

Resultado satisfactorio en el 95% de pacientes
Los resultados de la braquiterapia son excelentes. El doctor Guix subraya que, “de media, el 95% de los pacientes continúan sanos y recuperados 10 años después del tratamiento”. Sin lugar a duda, estos datos reflejan la importancia que tienen, también en estos momentos de crisis sanitaria por la Covid-19, las pruebas diagnósticas y los tratamientos de las enfermedades oncológicas en la lucha contra la enfermedad.