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VIVIENDAS ASEQUIBLES, PERO NO SÓLO EN EL PRECIO

Al comienzo del tercer milenio, se estima que 1.100 millones de personas vive en condiciones de vivienda inadecuadas, y eso solamente en las áreas urbanas. En muchas ciudades de los países en vías de desarrollo más de la mitad de la población vive en asentamientos informales, sin seguridad ni estabilidad y en condiciones que pueden ser descritas como amenazantes para la salud y la vida. De un estimado de 100 millones de personas sin techo alrededor del mundo, los datos disponibles sugieren que la proporción de mujeres y niños en esa cifra está en aumento.

Las estadísticas sugieren la extrema necesidad en todo el mundo de viviendas de calidad. La rápida urbanización (la mitad de la humanidad vive ahora en las ciudades) hace necesario el acceso a la vivienda. Se necesita analizar la forma de mejorar la calidad de la vivienda para las familias con menos recursos o en riesgo de exclusión: cómo hacer para que la vivienda actual sea accesible, cómo construir mejores viviendas para los sectores de ingresos bajos y medios y cómo utilizar edificios existentes.

La asequibilidad económica de la vivienda está definida por los ingresos. La mayoría de los expertos están de acuerdo en que la vivienda es asequible económicamente si no absorbe más del 30% del ingreso familiar. Sin embargo, a medida que el ingreso baja, el porcentaje del ingreso que se gasta en la vivienda aumenta.

La vivienda accesible no debería ser solamente asequible. Toda vivienda, independientemente del costo, debería estar en buenas condiciones, lo suficientemente grande para la gente que vive allí, libre de materiales peligrosos, seguras, adecuada para los residentes, especialmente ancianos y personas con movilidad reducida. 

Se entiende que una vivienda asequible debería tener cuatro principios básicos: debería cubrir las necesidades de sus moradores, entender y responder a su contexto, favorecer la sociabilidad y ser duradera en el tiempo. Algunos de los criterios para cubrir esas necesidades incluyen el tamaño; es decir, lo suficientemente grandes para el número de personas para las cuales están destinadas, que los espacios interiores puedan ser utilizados eficientemente, tener un diseño interior lógico a las funciones de cada espacio, la circulación debería ser fácil y natural y ser fácilmente accesible. La vivienda debería contemplar y responder a su contexto. Pero también los espacios públicos exteriores deben ser diseñados para facilitar la movilidad, la relación interpersonal de las familias, independientemente de sus edades.