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José M. Domínguez Cerdeira, Responsable de Prescripción NEDGIA (grupo Naturgy)

El gas natural, energía alternativa

LA NUEVA DIRECTIVA DE EFICIENCIA EN EDIFICIOS

El pasado 30 de mayo se aprobó la nueva Directiva europea 2018/844, que modifica las directivas 2010/31/UE relativa a la eficiencia energética de los edificios y la  2012/27/UE sobre eficiencia energética, con el fin de ahondar en el proceso de mejora de la eficiencia de nuestros edificios y en la reducción de las emisiones de CO2. Esta nueva Directiva debe ser transpuesta a nuestra reglamentación antes del 10 de marzo del 2020.

 

Esta nueva norma responde a la necesidad de mejorar la eficiencia energética en el sector de la edificación, sobre todo la relativa al parque inmobiliario existente, ya que el 35% de los edificios en Europa tienen una antigüedad mayor a 50 años y el 75% del total es ineficiente energéticamente. Por ello, se incide especialmente en que cada estado miembro debe establecer planes de eficiencia y rehabilitación para mejorar este parque con el objetivo de su descarbonización.

 

En edificios residenciales nuevos, lo más destacable es que las zonas de estacionamiento tienen que tener una preinstalación (conductos para cables eléctrico) que favorezca el desarrollo de puntos de recarga individuales para la movilidad eléctrica.

 

Esta Directiva reconoce que el uso del gas natural constituye un factor decisivo, ya que está presente en tecnologías maduras y eficientes y también puede hibridarse con nuevas tecnologías renovables, ya disponibles o en etapas de desarrollo avanzado, que permiten reducir nuestro consumo y las emisiones de gases de efecto invernadero, y mejoran la calidad de aire que respiramos.

 

Este papel clave del gas natural queda especialmente patente en el sector de la vivienda en nuestro país, donde contamos con una infraestructura consolidada que permite llevar el gas natural a cerca del 80% de la población. Los 7,8 millones de usuarios de gas natural que hay actualmente en nuestro país disfrutan de una energía económica a través de tecnologías ya maduras, fiables y eficientes, como son las calderas de condensación y las bombas de calor a gas, tanto para la producción de calor como incluso de frío para las demandas de refrigeración en el verano. Y el desarrollo de tecnologías con mayor eficiencia, como los equipos de refrigeración de alto rendimiento, las pilas de combustible y los equipos de microcogeneración, permiten obtener simultáneamente energía eléctrica y calor, reduciendo, aún más, el consumo global de energía.

 

Pero no sólo se mejora con las tecnologías. El propio gas natural, distribuido a los hogares, cada vez es más respetuoso con el medioambiente y puede tener un origen renovable, ya que puede obtenerse del reciclado de residuos o de procesos por los que se aprovecha la generación eléctrica renovable excedente para almacenar esa energía en forma de gas sintético que también se inyecta en la red.

 

Además de su papel en el sector de la edificación, el gas natural también aporta eficiencia en la industria y en el transporte, tanto el terrestre como en el marítimo y en el ferroviario. Y en la generación eléctrica, las centrales de ciclo combinado son la solución ideal como respaldo de la generación con energías renovables, permitiendo su mayor penetración en el total de la producción nacional.

 

Por todo esto, el gas natural es la fuente de energía que nos permite avanzar por la senda de la descarbonización, tanto desde el punto vista medioambiental, como siendo económicamente sostenible.